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La razón del ser recoletos
La proximidad de un 5 de diciembre más enciende en el corazón del agustino recoleto una llama de esperanza y a la vez, el llamado del Espíritu de Dios, que a todos nos invita a la santidad, alegra la vida de los que, oyendo tal llamado, se alistaron en las filas de la Recolección Agustiniana.
Hace ya 414 años. ¿Mucho o poco? Podríamos decir que lo suficiente. No como si ya nada tuviéramos que aportar a la Iglesia. Pero sí suficiente en el sentido de que ya hubo tiempo para que se demostrara a la Iglesia y al mundo que, de hecho, el Espíritu Santo ha movido corazones, a través de la Recolección Agustiniana, a las más altas cumbres de la santidad.
El 5 de diciembre de 1588, un hecho singularmente grande y a la vez sencillo, como suelen ser las cosas de Dios, ocurría en la Provincia Agustiniana de Castilla. Un Capítulo Provincial. Hasta aquí nada de extraordinario. Los que conocen un poco el dinamismo interno de organización de las Órdenes religiosas saben que tales reuniones de gobierno se dan con cierta frecuencia, eligiendo nuevos superiores y marcando de cierta forma, el ritmo de vida de la comunidad. Un Capítulo Provincial, entonces. Pero un Capítulo del todo especial... Deseando una vida de renovado fervor espiritual y más estricta observancia, algunos religiosos de dicha Provincia de la Orden de San Agustín, propusieron al Capítulo la creación de comunidades en que tal vida, más observante y austera, se pudiera practicar.
Recibiendo como inspiración divina y sin querer, de modo alguno, oponerse al Espíritu Santo, los religiosos del Capítulo determinaron la creación de dichas comunidades. Así reza el decreto, dictado en la ciudad de Toledo (España), donde se desarrollaban los trámites capitulares: "Porque hay entre nosotros o, al menos, puede haber, algunos más amantes de la perfección monástica que deseen seguir un plan de vida más austero cuyo legítimo deseo debemos favorecer para no poner obstáculos al Espíritu Santo, consultado previamente nuestro reverendísimo Padre General e implorada su venia, determinamos que en esta nuestra Provincia se señalen o se funden de nuevo tres o más monasterios de varones y otros tantos de mujeres, en los que se practique un género de vida más austero, del modo que, tras madura reflexión, reglamente el padre provincial con su definitorio."
Así nacieron los Agustinos Recoletos. Muchos que conocen la Orden quizá no sepan la razón de tal nombre, por así decir, "compuesto". Algunos los llaman solamente "Agustinos", lo que es verdad, pero, tan sólo una "media verdad". Tienen una identidad propia, dentro del gran patrimonio, que San Agustín, Padre y Fundador, ha legado a la Iglesia. En su carisma, o sea, en su manera particular de vivir la vida religiosa, enseñada en su Regla, en sus escritos y, principalmente en su vida, hay lugar para todos...
¿Qué se le añade a lo típico agustino? Antes que nada, necesitaríamos pensar qué sería lo típico agustino? Podríamos resumirlo en el amor a Dios sin condición, que une las almas y los corazones en convivencia comunitaria de hermanos y que se difunde hacia todos los hombres para ganarlos y unirlos en Cristo dentro de su Iglesia.
Y ahora sí, ¿qué sería lo típico recoleto?
La palabra "recoleto" significa algo así como juntar algo disperso. Si como hemos visto, el carisma agustino es claramente unificador, tanto acercando el hombre a su Creador, como en Él, a los hombres entre sí y en la Iglesia, lo "recoleto" añade a todo esto un "plus" cualitativo...
Hoy más que nunca tiene sentido hablar de Recolección. Hoy más que nunca, el hombre anda cautivo de antiguas y nuevas idolatrías. Hoy más que nunca es actual una toma de posición tal como la propuesta y aceptada en Toledo, invitando al hombre disgregado y desparramado por la herida del pecado, a dejarse conducir por la gracia, a entrar en sí mismo donde ya lo está esperando Dios y de ahí, trascenderse a sí mismo, renovándose en Cristo y alcanzando la paz en la contemplación de la Verdad, la contemplación de Dios, que tiene fuerza de unión, y es un medio a través del cual el Espíritu Santo mueve los hermanos hacia un amor fraterno cada día más maduro y una generosidad apostólica verdaderamente eficaz. En pocas palabras, Dios invita a los recoletos, que por ser agustinos ya son llamados a ser hombres de unidad, a entregarse exclusivamente, por medio de un recogimiento de todo su ser (sentidos, pasiones, sentimientos, pensamientos, trabajos...), a la construcción de esta unidad en la Iglesia y en el mundo, a ser apóstoles y maestros de unidad.
Cada año la alegría invade nuestro corazón agustino recoleto, al celebrar el día de la Recolección, porque hemos sentido, también nosotros, en algún momento más o menos lejano, la llamada del mismo Espíritu a incorporarnos a la obra de la familia agustino recoleta para vivir de acuerdo a su carisma en el mundo actual, dando testimonio de una vida unificada por la caridad, que no se deja atraer por lo efímero, tan en moda, por lo aparente, por lo cómodo... Esta alegría también se abre al examen de conciencia, para no caer, en una vana apariencia. ¿Estaremos poniendo nosotros obstáculos a la acción del Espíritu? ¿Tenemos alguna responsabilidad por el hecho de que, por nuestra forma de vida no se reconozca, por parte de los que viven con nosotros, nuestra comunión con el carisma de la Orden?
Como decía, Nuestro Padre San Agustín, en uno de sus muchísimos sermones, tras haber expuesto a los fieles el estilo de vida que él deseaba sinceramente llevar con sus hermanos en el monasterio, "sabéis lo que deseamos, orad para que lo cumplamos" . Así nos permitimos repetir a todos los que hoy leen esta líneas, pidiendo las oraciones para lograr para cada uno de nosotros una vida plena de fe agustiniana y recoleta.
Maestro de Novicios |
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